En esta inquieta espera escribí tu nombre, en ese diario añejo borrado por el tiempo y pasó el invierno, deshecho de silencios, arrancando sin recelo aquellos sueños, que lento, morían sin consuelo en el pálpito desierto de mi pecho…
Y desdoblé tristezas, sin prisa en la ciudad del alma, donde habitas todavía…peregrino que viaja sin alforjas y sale al descubierto de mis ojos…que tristes, te miran a distancia, silentes y llorosos, de tanto contemplar la casa de cristal y bruma, muere un sueño!
Eileen

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Que la palabra escrita...se grabe en tu pecho...y tu recuerdo en mi memoria...