Olí tu alcoba, tu boca, tus besos y tus versos...
el carmín de mis labios, en tu piel desnuda
tallada en silencio por mis manos,
que de nuevo temblaron sin lamentos
de tus muslos, al encuentro con la noche
y el grito de la luna, que inquietante,
se arrodilló en la cama…
Miré de frente el plenilunio entero y susurré a tu oído
algo que quizás tu estrella no entendió de lejos,
pero sí tus ojos, que miraron a mi rostro tan intenso
contemplar tus sueños y contar secretos en tu cuello,
mientras todo lo demás, se iba perdiendo
Y de pronto tu gemido se cortó de golpe y se fundió en mi boca
atravesando el alma con tus manos en mi espalda…
y la historia repetida de la noche entre las sábanas calladas
y mojadas por el trote de los muslos y la orilla de tus mares
agitándome las olas y un suspiro…
mientras suben las mareas en tu espuma
Y mi vientre se perfilo dorado ante tu luz de plata
y mi morada…ansiosa por la espada de tu cuerpo...
resguardando todo, entre mi cofre nacarado en terciopelo negro
y la dulce suavidad de los manjares,
destilando frutos de cerezos entre todos olivos de tus campos
Y llegó la hora del crepúsculo y tus labios
uniéndose a la esfera de mis suelos y mi piel canela
palpitante…como todos los matices de mis ojos...
y mis senos, abrumados de caricias en tu boca
susurrando los te quieros que se agolpan
entre el tono de tu voz…y mis silencios!
Eileen

Que poema mas precioso, impresionante musa...
ResponderEliminar